Problemas con la coagulación de la sangre

La sangre circula libremente por el cuerpo en forma de líquido, pero cuando se produce una lesión, se produce la coagulación de la sangre para evitar una hemorragia.

En la coagulación participan las plaquetas (células) y los factores de coagulación (proteínas), que son los encargados de densificar y gelificar la sangre para detener la hemorragia.

Cuando esta coagulación se produce en el momento y el lugar inadecuado, puede provocar una trombosis. Además, cuando ese coágulo es transportado por la sangre y llega al corazón y los pulmones, puede producir una embolia pulmonar, causando la muerte. Por esta razón, las personas que sufren coagulación de la sangre y tienen riesgo deben ser tratadas por su médico y llevar una estricta medicación.

Un medicamento muy común en estos casos es el “Sintróm”, que disminuye la capacidad de coagulación de la sangre, haciéndola un poco más líquida y por lo tanto impidiendo que se formen coágulos. De esta forma impide la trombosis, embolia, infartos…

Las personas tomando Sintrom tienen que someterse a controles continuos, ya que su acción va variando de una persona a otra, en una misma persona varía a lo largo del tratamiento y existen factores externos que lo alteran.

Existen algunos alimentos que pueden alterar la acción del Sintrom, que son todos aquellos ricos en vitamina K. Esto sucede, ya que el mecanismo de acción de estos medicamentos consiste en inhibir la acción de la vitamina K, disminuyendo la capacidad de coagulación. Por lo tanto, estos pacientes tienen que controlar la ingesta de vitamina K.

Los alimentos que mayor contenido tienen en vitamina K son de origen vegetal, especialmente las verduras de hoja verde  como la lechuga, las espinacas, la col y repollo, las endivias, los espárragos, col rizada… Estos alimentos no están prohibidos pero deben ser controlados en la dieta.

RECOMENDACIONES NUTRICIONALES.

  • Los cereales. El pan, el arroz y las pastas (preferiblemente integrales) deben formar la base de la dieta.
  • Las legumbres. Tomarlas de 2 a 4 veces por semana, no contienen mucha vitamina K. La soja fermentada si contiene vitamina K, no siendo recomendada.
  • Aceite de oliva virgen extra. Usar siempre este aceite para aliñar y cocinar, siempre en las mismas cantidades.
  • Los lácteos. Su aporte en vitamina K es bajo, siendo recomendado dos raciones al día, preferiblemente desnatado. Evitar la mantequilla y el queso curado que tiene un mayor contenido en vitamina K.
  • Carnes y pescados. Se pueden tomar, salvo las vísceras y el hígado que son ricos en vitamina K.
  • Las frutas. Tomar de 2 a 3 piezas al día, evitando el kiwi, la papaya y el mango que son ricos en vitamina K.
  • Las verduras. Tomar con moderación aquellas verduras de hoja verde.

Como conclusión, decir, que llevando una dieta personalizada controlada por un nutricionista evitarás alteraciones en la acción de tu medicación.

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Por
Eloisa Bocanegra Carmé
Licenciada en Farmacia y experta en nutrición y dietética